Embarazos no deseados en contextos rurales en niñas y adolescentes.

En México hay 22.4 millones de adolescentes que tienen entre 10 y 19 años y al mismo tiempo es uno de los países que tiene una de las tasas más altas de embarazos en adolescentes, problema que sin duda acrecienta las brechas de desigualdad y de género. En México, se considera un problema de salud que afecta no solamente a las adolescentes sino a sus hij@s y por otro lado, a su ámbito de vida, con la deserción escolar, bajo rendimiento, empleos carentes y poco dignos, condiciones económicas que agudizan en ciertos casos las condiciones de pobreza, entre otras.

 

La desnutrición continúa siendo un problema persistente, particularmente en el sur del país, en donde se estima que las niñas y niños tienen el doble de posibilidades de padecer baja talla (indicador de desnutrición crónica) en comparativa con los niños y niñas del norte del país. Esto implica que tengan una desventaja fisiológica que acrecienta la desigualdad social, económica, educativa, y que tiene grandes posibilidades de transmitirse a otras generaciones, derivada del embarazo adolescente, perpetuando el ciclo de hambre y pobreza.

 
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Se estima que el inicio de año de la vida de sexual de las adolescentes es 15.9 años y menos de la mitad ha usado un método anticonceptivo en sus últimas relaciones sexuales. Esto se podría deber a distintos factores: poca información sobre salud sexual y reproductiva, la no disponibilidad de métodos anticonceptivos, prejuicios por parte del personal, violencia de sus parejas sexuales o amorosas, valores culturales, entre otras. 


El embarazo en adolescentes además de que es riesgoso por la edad, se asocia directamente con la mortalidad infantil, y por otro lado, con el aborto, mayormente practicado en condiciones irregulares por adolescentes y mujeres en condiciones de pobreza. 


Es importante mencionar en este contexto que, el embarazo puede truncar la educación de las y los adolescentes, con una especial afectación en mujeres adolescentes. De acuerdo con cifras del 2010 de México Social, 17.7% de las mujeres menores de 18 años y 30.7% de las menores de 15 años que se embarazaron, dejaron de ir a la escuela después del embarazo. Esto representa un reto a enfrentar, pues se considera a la educación es un vehículo medular de movilidad social, además de que facilita la transformación de los modelos de desarrollo y de relación entre seres humanos y el entorno, como se establece en la Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS). 


Para The Hunger Project México y Her Choice es importante comprender los impactos diferenciados en contextos rurales de los contextos urbanos, ya que estos problemas de salud pública afectan de manera distinta, pero sobre todo, es esencial la comprensión de estos impactos porque son los que agudizan y conducen a la feminización de la pobreza (entre otros elementos). 


En este sentido, si hablamos de adolescentes rurales-indígenas encontraremos que la tasa de fecundidad es más alta que de las adolescentes no indígenas sobre todo en las edades entre los 15 y 19 años hablantes de una lengua indígena es de 96.7 por 1000 mujeres y la de las no indígenas es de 68 por 1000 mujeres.


Se calcula que en México existen poco más de 1.4 millones de adolescentes que hablan alguna lengua indígena, en Chiapas y Guerrero en donde se encuentra la mayor población, seguido de Oaxaca, Michoacán, Veracruz, Puebla, Hidalgo (enapea 2015). Estados en donde se encuentran 890 municipios en situación de pobreza extrema en el ámbito rural-indígena, municipios por los que trabajamos como parte de nuestra estrategia institucional para que sean “municipios autosuficientes al 2030” y así alcanzar nuestro propósito institucional; Un México Rural libre de hambre y pobreza y con buena gobernanza. 


Desafortunadamente, las adolescentes en el rango de edad de 15 a 19 años no asisten a la escuela, y sí se encuentran realizando labores domésticas no remuneradas, que desafortunadamente impactan en sus vidas, por tanto, no sólo no tienen acceso a la educación, tampoco tienen acceso a servicios de salud sexual y servicios de salud reproductiva para informarse y tomar decisiones más asertivas sobre sus cuerpos, sus sexualidades y así poder decidir, cómo, cuándo y con quién tener una relación sexo-afectiva, si casarse o no y si tener hijos o no. 


La tasa de fecundidad de las adolescentes de 15 a 19 años es menor según el tamaño de la localidad de residencia: en áreas rurales (65.3 por 1,000) la fecundidad es mayor que en localidades de 2,500 a 14,999 habitantes (62.4 por 1,000), respecto de las de 15,000 a 99,999 habitantes (57.6 por 1,000) y las de 100,000 o más habitantes (49.7 por 1,000 mujeres). 


Los nacimientos en mujeres adolescentes, con respecto al total, se dan primordialmente en municipios con grado de marginación muy alto (21.36%) o alto (19.47%). Los nacimientos en mujeres menores de 15 años se ubican en municipios más marginados que los de mujeres entre los 15 y los 19 años de edad. 



Como ya hemos mencionado en repetidas ocasiones, desafortunadamente quienes son mayormente afectadas son las niñas y las adolescentes en condiciones de pobreza, sin acceso a la educación, que se encuentran en comunidades indígenas o rurales, quienes se encuentran en uniones tempranas o en contextos de alta vulnerabilidad en zonas urbanas.

 

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